Exhortación del Presidente da mala señal
Por: Adolfo Paniagua Contreras
Santo Domingo, R.D.- "En medio de la incertidumbre que ha generado el brote de la fiebre porcina africana en los cerdos de varios pueblos del país y que incluso ha disminuido la venta de la carne del animal en los mercados, el presidente Luis Abinader almorzó ayer un plato con el producto e insistió al pueblo dominicano a hacer lo mismo".
Así encabeza un diario nacional la reseña de un encuentro del mandatario con porcicultores de la poderosa Junta Agroempresarial Dominicana (JAD). Pero hay que puntualizar algo, y es lo siguiente:

El presidente de la República puede darse el lujo de comer lo que quiera, sin ningún riesgo para su salud, pero no el pueblo, la masa hambrienta de los tugurios. Nadie osaría darle al Presidente carne de cerdo con fiebre porcina; pero a la gente pobre, a los desheredados de la buena suerte sí, sobre todo en un país de tanta irresponsabilidad, donde todo el que tiene algo de poder hace lo que le viene en ganas con tal de aumentar sus caudales.
Es lógico pensar que el primer mandatario no comería carne expuesta en ambiente insalubre, como son los principales mercados y carnicerías del país; lugares de los cuales las autoridades de la salubridad pública se hacen de la vista gorda, de las pésimas condiciones de higiene en que operan.
